Amigos invisibles

Mi abuelo solía decir que los amigos que tenía podía contarlos con los dedos de una mano, y que aun así le sobraban dedos. Tenía razón. Casi siempre que pedía la palabra para decir algo la tenía. Pocos años antes de marcharse nos regaló a todos los nietos, y somos unos cuantos, un libro que se titula “Amigos”. Y aunque si os soy sincera nunca lo llegué a acabar, esa fue probablemente la última y mayor lección que él nos dio.

Cuando empecé el colegio no tuve problemas para hacer amigos. En realidad, jamás los he tenido. Porque me gusta hablar, y escuchar también, porque soy extrovertida, e impulsiva, no lo sé, pero me parece fácil. Y puede que fuera por eso, por mi falta de timidez, o de vergüenza, que tantas veces me he llevado chascos en la vida. Que, aunque no me cueste hacer amigos, tampoco me cuesta perderlos, y que, por eso, más tarde que pronto, me he acabado dando cuenta de que quizás eso que yo consideraba “amigos” eran solo conocidos que pasaron fugazmente por mi vida por algún motivo.

Siempre me ha parecido importante, eso, el tener amigos. Y por eso ha sido algo que muchas veces me ha hecho sufrir especialmente. Que los amigos son la familia que se elige, dicen, y que por eso hay que elegirlos bien. Supongo que durante la etapa escolar yo sabía poco o nada de lo que realmente quería en mi vida, y que por eso me equivoqué muchas veces. Y no es que me topara con gente mala, que a veces también, es que simplemente no fluyó, no se dio, ese “amigos para siempre”.

Al principio solía pensar que uno tenía que conseguir amigos, al precio que fuera, dar con esas personas que a uno lo escuchan, lo quieren, lo aconsejan, que están ahí, no lo sé. Así que me esforzaba por mostrar la mejor de mis caras, como si pudiera ponerla en un escaparate y que esos, ‘los posibles amigos’, pujaran por mí. Y así, a base de golpes, al final lo entendí. Que un amigo no te quiere por lo que tienes, ni por lo que ofreces, ni por lo que muestras, sino simple y llanamente por quien eres, por ser tú, y ya está.

Durante el proceso de mi tesis doctoral estoy llevando a cabo muchas entrevistas con adolescentes que se encuentran en centros de menores. La mayoría de ellos han sufrido cosas que ningún niño debería, han visto y sentido barbaridades, y aun así ahí están, más enteros que yo tantas veces. Me sorprende que muchas veces, cuando les pregunto cuál es el mayor problema que tienen, suelen responderme: “Que me gustaría tener más amigos, un grupo grande de amigos”. Y aunque intento convencerles de que en la cantidad no está la calidad, me veo reflejada en ellos tantas veces. Cuando yo tenía esa edad solía mirar con recelo a esos grupos grandes de amigos, que quedaban siempre en los mismos sitios, que casi vestían un uniforme, y que parecían eso, tan amigos.

Cuando me fui de Alicante todo eso cambió bastante y me encontré con personas que no solo me querían por ser simplemente yo (¡qué fácil!), sino que, además, me hacían ser mejor persona. Y así hasta hoy. Así que supongo que esos son mis amigos, y que ahora que lo pienso también puedo contarlos con los dedos de una mano, a los de verdad, y que aun así me sobran dedos. Podría decirse que todo ha cambiado, todo a excepción de que aún miro a esos grupos de amigos tan grandes, que se juntan siempre en los mismos lugares, con su uniforme y que son eso, tan amigos. Solo que ahora el recelo ha sido sustituido por la pena. Porque sé que muchos de esos grupos se sostienen sobre la base del ‘yo tengo’ en vez del ‘yo soy’, y supongo que nada hay más falso que eso. Y lo que queremos son amigos de verdad, ¿no?

Sofía Brotons

 

 

Anuncios

6 respuestas a “Amigos invisibles

  1. Me parece un texto excelente y me emociono al considerar que soy uno de esos amigos de los dedos de la mano. Aunque me parece que Sofía es como una de esas deidades hindúes con muchos brazos muchas manos!!!

  2. Estoy super de acuerdo contigo. Los amigos de verdad son pocos. Aunque también creo que con algunas personas se crean lazos de cariño fuertes, que siguen vivos a través de los años, y que cuando se reencuentran pareciera que no ha pasado el tiempo! Yo, a la distancia, te sigo queriendo mucho!!!!!

  3. Soñar, reír, llorar, gritar…. Silencio. Eso es lo que un amigo tiene que conocer de ti y aun así, quererte.
    En mi caso, te he vivido, te he sentido, te he extrañado y te he llorado. Para mi eres uno de mis dedos y me siguen sobrando.
    Fuimos tres, allí tan lejos de todo lo conocido, nos analizamos tan profundamente que lo peor de las tres lo conocemos, lo aceptamos y por supuesto, lo queremos.

    En mi opinión,
    Lo malo y lo bueno de los amigos, es extrañarlos.

    Mi mancherai per siempre.

    Inés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s