Ama lo que haces para hacer lo que ames

En el cibermundo en el que acostumbramos a vivir, donde ciberlistos y algunos imbéciles se hacen hueco para verbalizar su petulante vida, seguro que muchos hemos leído esa famosa frase que dice: “Haz lo que amas”, o en su versión más cool: “Do what you love”, acompañada de una extraordinaria fotografía repleta de filtros. Y no digo yo que eso esté mal, en realidad eso está muy bien.

Debe ser maravilloso hacer cada día lo que uno ama, ¿o no? Y, por supuesto, debe ser genial, además, vivir de ello. Y por eso nos empeñamos en buscar los medios que nos lleven en un futuro a estar haciendo lo que amamos. Pero no nos engañemos, no es tan fácil. Muchas veces ocurre algo que paraliza esa lista mental de “cosas que tenemos que hacer para ser felices”. En ocasiones sucede algo que provoca que, en efecto, no podamos dedicarnos a aquello que nos gustaría, y entonces, ¿entonces qué?

¿Dónde quedó el “Do what you love”? ¿Es que soy un desgraciado destinado a observar cómo unos pocos viven sus sueños? ¿Acaso el éxito y la felicidad son solo para algunos? Y aquí, queridos, es donde solo hay dos opciones. O bien, te derrumbas, te detienes y dejas que el tiempo tire de ti hasta matarte, o bien, das una vuelta al asunto y conviertes el “Do what you love” en un “Love what you do”.

No digo que haya que dejar de hacer o de querer hacer lo que uno ama. De hecho, debes ir a por ello, a por lo que te hace feliz. No me refiero a que dejemos de intentar nuestras metas, no quiero decir que haya que conformarse, no. Lo que pasa es que a veces es la vida la que, en cierto punto, te indica lo que hay que hacer. Un cambio de ciudad, de carrera, de circunstancias, yo qué sé, una falta económica, una madre enferma, o el vivir una enfermedad en tus pieles. Y entonces no, no vale pararse, y tampoco conformarse.

Todos deberíamos hacer lo que amamos, pero en ocasiones, mucho más importante es amar lo que estamos haciendo. Amando lo que haces adviertes la verdadera belleza en lo bueno que te rodea. Amar lo que haces no es optimismo, es darte cuenta, y darte cuenta es dar las gracias por lo que posees, y una vida es mucho más que suficiente. Amar lo que haces es tomar cada trocito de tu rutina y abrazarte a él, porque en él también hay muchas bendiciones. Amar lo que haces es el primer paso para hacer lo que amas.

Jamás deberíamos de perder las expectativas, la esperanza o las ganas de hacer lo que amamos. Y es verdad que muchas veces nos llevaremos decepciones y tendremos que reconstruir una nueva lista de prioridades desde el principio, pero vale la pena. Y la vale porque también es verdad que otras muchas veces, y gracias a esas “decepciones”, quizá nos demos cuenta de que nos hace más felices amar lo que hacemos que hacer lo que creemos que amamos. A veces la vida se encarga de pararte los pies, de que abras los ojos y dejes de vivir por un instante en ese futuro que aún no existe, y empieces a disfrutar de este presente que tanto vale y, del que quizá, todavía no te has dado cuenta.

Sofía Brotons

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