Demasiado jóvenes

Están por todas partes. Lo blanco, lo negro e incluso la escala de grises, ¿todo lo demás?, no existe. Lo etiquetamos todo, hasta lo que no es etiquetable. Las etiquetas, fieles compañeras de la inseguridad. Es una enfermedad, una seria necesidad compulsiva de etiquetar la realidad en diferentes ámbitos. No sé, quizá es porque nos aterra que algo se salga de nuestro control, que algo sea tan grande, tan monstruosamente hermoso que nos rompa cada uno de los esquemas que con tanto ahínco hemos construido.

El colegio, la universidad, el trabajo, el éxito, la muerte. Y siempre en ese orden. Pero entonces, y solo en contadas ocasiones, ocurre algo que se sale de esa maravillosa continuidad de acontecimientos planificados. Y nosotros, ¿qué hacemos? Claro que sí, tratamos, de nuevo, de buscar una etiqueta, la que sea, en la que podamos incrustar eso que no entendemos.

¿Por qué te casas? ¿Para qué? ¿Estás loca? ¿No eres demasiado joven?

Porque quiero, quiero con toda mi alma. Para nada, para eso, para casarme. Quizá para compartir una felicidad tan abundante que ya no me cabe en el cuerpo, que quiero darle a Dios, que quiero daros a vosotros. Y no, no estoy loca, al menos no literalmente. Y sí, soy joven, y ojalá siga siéndolo muchos años más.

Ojalá nunca seáis demasiado viejos para hacer nada. Estudiar una carrera, viajar por todo el mundo, querer a los que tenéis alrededor. Y por demasiado viejos, entendedme, no hablo de edad. Ojalá seáis siempre demasiado jóvenes, demasiado entusiastas, demasiado emprendedores para cumplir cada meta y cada ilusión que se os cruce por la mente.

Antes de que nos volvamos locos, dejadme puntualizar un par de cosas. Hay que diferenciar entre sentido común y etiquetas. El sentido común es el que te dice que sin madurez emocional no puede haber una relación sentimental viable. El sentido común es el que te indica que la educación es un pilar fundamental en tu vida, y que de ahí en adelante puedes ser ingeniera, jardinera o ama de casa, si es lo que te va a hacer feliz a ti y a los que te rodean.

Las etiquetas, sin embargo, son las que te recriminan que no puedes volver a estudiar una carrera universitaria. Las que te aseguran que no intentes ese sueño, que es demasiado arriesgado. Las etiquetas son las que te dicen que con 24 años eres demasiado joven, y con 65, demasiado viejo. Las etiquetas son las que pegan artificialmente adjetivos a nombres, como si estos hubieran sido siempre compuestos.

Nunca dejéis de ser quienes queréis ser. Jamás permitáis que alguien os diga que no podéis hacer algo, solo porque ellos no lo puedan hacer. No acabéis con sueños por ser demasiado arriesgados, demasiado ambiciosos, demasiado difíciles. Dejad que os aconsejen, sed humildes y, siempre, y con sentido común, no dejéis jamás de ser demasiado jóvenes para vivir intensamente.

 

 

 

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2 respuestas a “Demasiado jóvenes

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