#MiércolesdeCeniza

Casi pierdo la fe en Twitter. Desde que ha empezado el show hiperrealista -digo, surrealista- de Tele5, es raro no encontrarse con TTs como: #FueralaEsteban, #Labrujadelpueblo o #UnbozalparaBelén. Una se mete en Twitter con la sana intención de no perder el ritmo de la actualidad y se encuentra con esto. Llevo toda la semana diciéndome a mí misma que la red social ya no es lo que era, que en la guerra entre chonis e intelectuales han vuelto a ganar los chonis. Y la cara que se me queda cada vez que descubro las tendencias es más o menos la de un simpático dibujo japonés.

Me acabo de meter de nuevo en Twitter prometiéndome a mí misma que sería la última vez y, et voilà, me he topado con el hashtag #MiércolesdeCeniza. ¿En serio? Como no me lo creía, me he puesto a investigar. Y, ante mi sorpresa, apenas había insultos. Me pongo en la piel de mis amigos no creyentes y no me siento ofendida. Así que sigo. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. No creo necesario pensar automáticamente en Dios cuando uno escucha algo así. Pero sí creo necesario ser consciente de lo que significa, al menos una vez en la vida, al menos durante los cuatro segundos que transcurren mientras lo escuchas. Para católicos y anglicanos el Miércoles de Ceniza marca el comienzo de la Cuaresma, un período de humildad, sacrificio y amor que se estrena con un recordatorio de tu propia muerte.

De la muerte no hay que hablar, y si se habla, debe hacerse de forma frívola y superficial. Esa parece ser la opinión generalizada. Que es de mal gusto, que da miedo, que es de cínicos. Existen pocos días a lo largo del año en que alguien te ponga los pies en la tierra y te diga: “Eh, que te vas a morir”. La humildad está directamente relacionada con el ser consciente de la temporalidad, del cambio y por supuesto, de la corrupción. Vinimos para irnos y eso es algo que deberíamos tener presente antes de actuar, antes de decidir, de magnificarnos, de herir. Es algo que deberíamos llevar sobre nuestras espaldas. Pero no con desgracia, sino con el sacrificio asumido en el que se metamorfosea el amor cuando le ponemos el nombre de “existencia”.

Sofía Brotóns

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