Et voilà

Ahora que parece que ya puedo hablar, allá voy. Porque en esta sociedad de ineptos con beca subvencionada por imbéciles con corbata parece que solo puedes hablar cuando algo grave te ha pasado, cuando “por lástima te damos este minuto de gloria, para que nos escupas esas palabras tan retorcidas que solo tú entenderás, pero de las que luego hablaremos todos para regozijarnos en nuestra memez infinita y sentirnos un poco más seguros ante este mundo” que, aunque no tengáis ni idea, terminará con vosotros. Y bien, ahora que ya puedo, que tengo esa licencia no escrita en ningún sitio, allá vamos.

Cuando la vida te da un golpe seco, de esos que cruzan el límite de lo ridículo porque es un golpe de verdad, de los que el resto se para a mirarte, pero por preocupación y lástima. Cuando la realidad, de pronto, y sin venir a cuento se te presenta con un nombre horrible que no parece tener ningún sentido y que sin embargo, y desgraciadamente es tan real como la vida misma, en ese momento, justo ahí, os hacéis tan pequeños. Os volvéis diminutos, vosotros y vuestra tontería que se ha vuelto tan idéntica a lo que sois que la confundo con vuestra persona, y a veces, muchas veces, dudo de si lo que tengo delante es una persona o algo tan absurdo y frustrante como lo que viene siendo una pura y real tontería que cabalga sobre una inmadurez inmortal que en pocos años tomará el nombre de: gilipollas a secas. Se trata de una tontería que toma nombre y apellidos y cobra vida para ponerse a hacer el imbécil gratuitamente, y yo digo: tal y como están las cosas, por lo menos poned una gorrilla, ¿no? Consejo.

La vida te da las herramientas para que establezcas prioridades, para que con los años, las caídas, las personas que pasan por el débil hilo de tu existencia te hagan ver dónde y cuando hay que darle importancia a ciertas cosas. Hasta que la lista de prioridades está ordenada, tú solo eres un idiota más dando vueltas sobre sí mismo como una de esas graciosas peonzas de madera, y en verdad, y mientras tanto, en esa terrible Odisea que tú sufres, desconoces que estás siendo observado por algunos que ni siquiera se han planteado la posibilidad de organizar prioridades de ninguna forma. Porque actúan según la circunstancia, según el momento y por supuesto según el “yo” absoluto, aquel que os hace protagonistas de vuestras vidas y al resto solo gente secundaria a la cual podemos hacer aparecer y desaparecer a nuestro antojo.

En el momento en que estás dando vueltas y de pronto y sin querer te fijas en ese tremendo y flotante baile de “yoes” a tú al rededor comprendes que el egoísmo, que en teoría, es un engrandecer el yo hasta que dejo de ver al resto, en realidad y paradójicamente consigue todo lo contrario, empequeñecer a personas, que si quisieran, podrían ser grandes. Pero la ignorancia hace mucho daño, sobre todo cuando la controla un campeón con tupé que se llama Ego.

Y de pronto, en ese instante, en el que tendrías que irte a una esquina a llorar y preguntarte por qué el mundo es así, por qué la inmensa mayoría va a su completo y real rollo tanto y de tal forma que viven engañados en sus minimundos de hipocresía y semifelicidad que ellos mismos han construído, en ese momento sonríes por dentro, sin necesidad de enseñarle los dientes a ningún enterado. La felicidad se presenta ahí, y tú tanto tiempo buscándola. Menudo pringado. Y sales a la calle sin ningún miedo a toparte con nada ni nadie que te estropee un día, porque eres tú el que espera a que sea el día el que se estropee. Y me explico. La felicidad al final no es un placer infinito, lo siento, el placer, por ser placer, no es infinito, y eso va así. La felicidad terrenal es el conjunto de momentos terribles que crees que deberías o almacenar o borrar y de momentos encantadores, la felicidad es también ese soportar al “yo” de turno que te expone su maravilloso mundo sin importarle que “et voilà” tú también estás dentro de él, la felicidad es un tremendo y constante comprender a base de golpes lo que es en realidad la vida.

El secreto de vivir es solo una falacia que inventó algún arrugado de Hollywood. La vida no tiene ningún secreto, pero tampoco te da las cosas en bandeja. Tienes que sufrir, toparte con mucho imbécil, besar a muchos sapos, recorrer mucho camino y así con muchos otros refranes modernos, hasta llegar al punto en que el mero hecho de salir a la calle y respirar te produzca una satisfacción que no se ve por televisión, una que nadie ha escrito ni ha esculpido, que está dentro de ti, y no para quedarse ahí, si no para dársela a los demás y dejar ese estúpido baile de “yoes” al que vivías aferrado, y descubrir que escuchando un poquito a los demás no solo harás crecer ese “yo” del que tan enamorado estabas, sino que además conseguirás el milagro de al mismo tiempo hacerte diminuto ante la realidad de la vida.

Lo que quiero decir con todo este lío, queridos, es que por muy grande que te parezca un problema, por muy incomprendido que te sientas, por muy víctima que te vuelvas ante esta sociedad tan maravillosa y sin embargo y tantas veces compuesta por imbéciles entrañables, siempre habrá una realidad más grande que te haga abrir los ojos y descubrirte frente a lo infinitamente mejor que es escoger ser feliz, porque os digo yo, que sí que está en vuestras manos. Y con esto y un bizcocho… En fin, que ya está. Ahora ya podéis regocijaos, hacedlo.

Sofía Brotóns

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s