El tiempo no cura ninguna herida

Reloj de arena
El tiempo no cura ninguna herida. Las heridas las curan las personas. Y no quiero relojes porque el tiempo no existe, odio el tiempo porque deseo que no exista, y así es como es y debe ser. Lo odio por su sin sentido y por ese afán de correr a todas partes sin esperar a nadie, porque avanza impasible ante tus ojos mientras observas como un imbécil. Porque en Suiza se forran a costa de él, porque nunca nos ha ayudado a nada más que a sentir que se nos ha escapado la vida. Porque provoca arrugas y patas de gallo, y hace que eches de menos, que añores. A veces nos hace llorar. No le importas, no le importa nadie, y su único objetivo es encerrarte en un ciclo ilusorio de “pasado”, “presente” y “futuro”, y digo ilusorio porque al fin y al cabo es siempre pasado, y nunca, jamás futuro. Pero hace unos días, un hombre mayor, con la voz pausada y de porte aburrido me hizo pensar en él, a mi pesar.
“En una isla habitaban tanto lo bueno como lo malo, debían marcharse y cada uno cogió un bote para partir. El Amor se quedó sin bote, y por tanto no podía abandonar la isla. El Amor, angustiado, preguntó a la avaricia si podría llevarle con él. Esta rápidamente se lo quitó de encima, afirmando que llevaba tanto oro y tanta plata en el bote que un pasajero más provocaría que todos se hundieran. El Amor, sin perder el ánimo corrió a preguntarle a la tristeza. Esta, sintiéndolo mucho le dijo que preferiría ir sola, pues estaba muy triste. El Amor lo comprendió. Marchó y fue a preguntarle a la Alegría, pero estaba tan contenta que no pudo oírle. Ya cansado, el Amor, preguntó finalmente al Orgullo, este sin tan siquiera mirarle, respondió que eso no era posible; llevaba el barco muy ordenado y no quería que nadie lo estropeara todo. El Amor, desconsolado, se sentó y no preguntó a nadie más. Un hombre anciano, que le había estado observando, le pidió al Amor que fuera con él, que él le llevaría. Cuando llegaron a su destino, el Amor quería saber quién era aquel que le había ayudado, pero este ya se había marchado.
– ¿Quién es ese que me ha ayudado? -. Preguntó al Saber
– El Tiempo te ha ayudado-. dijo este
– ¿El Tiempo?-. preguntó desconcertado. ¿Por qué él?
– Porque sólo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el amor para la vida de las personas”.
Sofía Brotóns
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